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24 mayo 2021
El relato según LEGOM
01 enero 2021
Sobreviviendo al 2020.
Entramos de golpe a una nueva etapa de la humanidad. El encierro que nos impuso la pandemia por un lado incrementó la soledad y la depresión y por el otro permitió que muchas herramientas tecnológicas pudieran ser aprovechadas para seguir comunicados. También hubo una intensificación de las relaciones. Se crearon nuevas interacciones entre personas. Los que eran cercanos se volvieron habituales. La distancia se convirtió en un factor para el necesario convivio en las nuevas condiciones. Aparecieron nuevos agentes y otros se borraron del mapa.
Es como si la nueva y obligada configuración permitiera la creación de patrones en los que, entre otras cosas, se cayeron las caretas de la hipocresía y al mismo tiempo se establecieron límites. Por un lado crecen las posibilidades de ser víctimas de fraude por comprar en tiendas fantasma online, -me pasó-, y por el otro se reducen las posibilidades de mentir. Las verdades florecen en las redes sociales. Nada, ni el fraude, es ocultable.
El 2020 tuvo varias etapas. En un primer período se nos reveló la mortalidad y el miedo ante ella. Se dibujaron arquetipos y comportamientos sociales que nos recordaron a la Edad Media por el tratamiento fatalista por un lado y hedonista por el otro, que se vio reflejado en la gente que se aglomeraba para comprar cerveza y rollos de papel, como si fuesen insumos de primera necesidad en el fin del mundo.
En esa etapa algunos dramaturgos de todo el mundo: El Colectivo Iberoamericano de dramaturgos en Red, nos propusimos re-pensar los cuentos del Decamerón de Bocaccio para escribir obras durante el encierro y solventar con la escritura y eventos en streaming el período más crítico que nos haya tocado vivir.
Durante estos meses, como muchos de ustedes, dejé de ver a mi familia y mis encuentros se redujeron drásticamente a una o dos personas esporádicamente. Se intensificó el trabajo en casa; las clases y juntas online ocuparon todo mi tiempo.
En una segunda etapa, digamos por el mes de junio, volví a las calles. Comencé por frecuentar a personas que vivían en un radio de 2 kilómetros de mi casa. Usé preferentemente la bicicleta y traté de evitar las aglomeraciones del transporte público. Las vacaciones agudizaron la crisis económica. En este punto muchos tuvimos que reinventarnos. Algunas personas quienes poseían o poseen herramientas técnicas o saben de oficios tuvieron mayor capacidad para sobrellevar la crisis. Ante la reducción drástica de los ingresos, la técnica o la creatividad fueron su salvaguarda.
Entre mis amigos y familiares, quienes no fueron despedidos sufrieron reducción del salario. Los pequeños negocios entraron en quiebra. En ese panorama el sector cultural prácticamente entró en paro, salvo honrosas excepciones y obviamente la vía virtual y con los pocos apoyos existentes, pero en un contexto de incertidumbre total. Los artistas y la gente que no goza de contrato ni de prestaciones o seguridad social tuvieron y tienen que sobrevivir con las herramientas a la mano y muchas veces con ayuda de amigos y familiares.
El último período de la pandemia, digamos de septiembre para acá, ha habido una leve recuperación económica y también una adaptación progresiva pero muy lenta a las condiciones ideales. Hasta ahora las medidas adoptadas por gobierno y ciudadanía han resultado ser ineficaces. Se siguen tomando decisiones que favorecen a un sólo sector económico en detrimento de muchos otros. En este sentido tenemos que aceptar que tenemos todavía mucho por aprender en la construcción de ciudadanía y de mecanismos para poder influir en una mejor toma de decisiones.
En este 2020 se intensificaron las redes de diálogo y los colectivos de trabajo se definieron como espacios de posibilidad y resistencia. Ya hablé del Colectivo Iberoamericano de Dramaturgos en Red cuyas obras escritas tuvieron un ciclo de lecturas dramatizadas en Atenas y participaron en el Festival Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento en Caracas, por mencionar solo dos de las experiencias exitosas del colectivo, que este año disparó sus actividades, alcance y número de colaboradores.
En el 2020 también perdimos a familiares, amigos y colegas. Se nos adelantaron en el camino muchos artistas, como mi amigo José Luis Diaz, el genio, o el actor de teatro Fernando Leal, entre muchos otros. Mis condolencias a todas las familias que hayan sufrido la pérdida de algún ser querido este año.
Quienes seguimos vivos nos podemos llamar sobrevivientes del 2020, un año que le cambió la cara al mundo. En adelante nos corresponde pensar en construir mejores condiciones que las que hubo antes de la crisis. Si algo podemos aprovechar de este año, es que al visibilizarse muchas de las desigualdades sociales existentes ya no tenemos pretextos para no abogar por incorporarlas a una agenda que procure erradicarlas.
El que viene para México es un año electoral en el que habrá que trabajar para sensibilizar a los políticos ante la crisis humanitaria y estar muy atentos para no caer en los engaños de sus acostumbradas promesas de campaña.
En tiempos en los que es más difícil ocultar las cosas, tendríamos que habituarnos a participar más activamente en la evaluación a los políticos y sobre todo a sus políticas. Pero ese es también un deseo para el 2021.
Que el 2021 sea un año para reforzar los vínculos que hemos creado y para sumar fuerzas en la búsqueda del bien común. Que haya salud, trabajo en equipo y fraternidad.
Vidal Medina
01/enero/2021
22 mayo 2020
Revolución, esclavitud y cyborgs, o el virus del fin del mundo
Hace pocas semanas, mi hijo, quien tiene sólo 12 años, me dijo que estábamos viviendo la segunda revolución mexicana, a eso agregó que China será la próxima potencia económica que nos esclavizará a todos, y remató su exposición afirmando categóricamente que dentro de 100 años sólo los cyborgs poblarán el mundo.
¿Cómo nos vamos a relacionar con quienes han crecido en un entorno violento y tienen instalado el chip de la revolución armada? ¿Cómo, después de años consecutivos de violencia y desigualdad vamos a plantarnos ante la sociedad para contarles una historia? ¿Qué historia les vamos a contar y desde dónde?, ¿cómo relacionarnos con los jóvenes supervivientes de las guerras de pandillas y cárteles, o con los familiares de las víctimas por atentados o desapariciones? y por último, pero no menos importante, ¿qué es la rebeldía actualmente? o más bien, ¿qué debería ser?
03 marzo 2020
Carta abierta
Mtra. Maru Ayala, Vocal de Danza
Mtro. Vidal Medina, Vocal de Teatro
Lic. Fernando Galaviz, Vocal de Literatura
13 febrero 2020
El canto del macho cabrío
Sublimando a la bestia dejaré un legado.
Renuncio a tu presencia.
Despojado de todos mis recursos para ser amado
Vidal Medina
11 de febrero, 2020.
05 febrero 2020
El cubo suspendido
La sombra que proyecta es el reflejo gastado de las frases
Lo que ves y lo que escuchas
Habla de omisiones profundas
De palabras proyectiles que no son lanzadas pero explotan dentro
De promesas irrisorias y de estar aparte.
Yendo hacia la construcción oscura que los hombres han creado.
Siguiendo el camino con paciente obediencia, sin lanzar el grito.
Habla de que abriste puertas en tu frenesí veloz de comer del mundo lo intangible;
de que no has detenido tu camino y hay pasillos luminosos en que la gente conversa y sonríe, dicen que han abierto puertas que deberías conocer, llevan a pasillos luminosos en que la gente como ellos conversa con ellos de otras puertas y de construcciones que los hombres han creado y a pesar de la luminosidad que los ciega son oscuros.
Habla de una calle en la que estuviste parado, quizá en el centro de la acción más importante del día, pero la atención fue llamada en un extremo izquierdo, justo frente a ti, y el centro entonces, por razones que el cubo esconde, cambió de lugar secretamente.
Y dice que la realidad es la excepción de la poesía. Que es un engaño. Un mal nombre Un título erróneo. Que no es lo que creemos sino el peso insoportable de la figura geométrica perfecta de cuatro ángulos cerrados;
Y que los círculos, las repeticiones, los volver, los otra vez, están gastados de tanto no existir y repetirse en puertas abiertas que llevan a pasillos luminosos que son oscuros.
Es tan fuerte que no puedes dormir Te arrebata del cansancio.
¿Acaso crees que yo digo lo que lees?
No te engañes ni quieras abrir puertas.
Los corredores han sido tomados por partículas de recuerdos que se amontonan y se confunden con las voces que se amontonan y se confunden en tu cerebro, y son recuerdos que nunca existieron, que fueron heredados de los hombres que hicieron construcciones.
Y dice el cubo: Tengo la impresión de que no lo has dicho todo
Por eso escribo largo
Por eso retengo mi figura sobre ti Oscurezco tu camino y mi peso es la herencia de mis frases.
¿Y tú crees que yo me entrego en cada línea queriendo agotar un aliento que no me pertenece, verter la vida en pocas frases?
Es el cubo infame y suspendido que aparece entre las mesas y los besos
Y eres tú, el otro.
Es tu sueño y pesadilla. Bebes la cerveza oscura Hablas la palabra sin querer aparecer detrás de ella.
Corres entre pasillos dentro de casonas construidas de mármol Las columnas parecen ser avisos de curvaturas que llevarán al exilio y a la paz. Pero continuas buscando en los espejos que la visión cambie. Cuando ya las frases sólo son trozos y vestigios de lo que habla el cubo y que está velado
Las articulaciones ya han sido nombradas. Eres un transcriptor de la sombra que posa sobre ti.
El silencio y la omisión no te salvarán.
No llegarás a la frontera caminando, ni gritando.
Ni siquiera llegarás al monumento de piedra que se yergue al pie de una construcción de metal hecha por el hombre en un tiempo presente que tú no recuerdas.
No llegarás ni a una pregunta. Se amontonarán las imágenes y las entradas, se confundirán con los recuerdos.
Vendrán las voces nuevamente y hablarán en una mesa de estar sentados bebiendo cerveza y no decir palabra.
Hablarán de una calle antigua construida hace unas horas en la que estás parado frente al atractivo principal de tal modo que a la izquierda queda el centro en el que estás y que ahora es un extremo.
Hablarán de palabras proyectiles que han explotado dentro de ti, propiciando revoluciones sempiternas, De palabras proyectiles que no lanzaste porque no eres homicida.
Hace calor y no sabes dónde estás y esa sensación de algo que se mueve sobre ti, ese peso que supones tiene cuatro ángúlos perfectos y no sabes dónde está y por qué lo sientes; te guía hacia un camino señalado por estatuas blancas que podrían ser los interlocutores que a diario te cuentan sus historias circulares que son todas mentiras. Porque aquí no existen los círculos sino la geometría perfecta del peso que sientes sobre ti.
No quieres voltear.
Temes que haya algo suspendido justo encima de tus pasos.
Temes que sea un cubo. (Texto de Vidal Medina, inédito. 1999. "La Caja Negra"



